Saray López Nutrición

La Influencia de la Nutrición en el Tratamiento de Enfermedades Autoinmunes

Nutricionista especialista en enfermedades autoinmunes: ¿qué papel tiene la alimentación?

Las enfermedades autoinmunes engloban un grupo muy amplio de patologías y, aunque pueden manifestarse de formas muy diferentes, tienen algo en común: se produce una alteración de la respuesta inmunitaria que hace que el organismo reaccione frente a estructuras propias.

Artritis reumatoide, lupus, esclerosis múltiple, tiroiditis de Hashimoto o determinadas enfermedades inflamatorias intestinales son algunos ejemplos.

Cuando existe un diagnóstico de este tipo es frecuente preguntarse: ¿puedo hacer algo desde la alimentación? ¿Existe una dieta antiinflamatoria? ¿Hay alimentos que debería eliminar?

La nutrición puede formar parte del abordaje de una enfermedad autoinmune, pero es importante hacerlo desde una perspectiva rigurosa. No existe una única dieta válida para todas las enfermedades autoinmunes y la alimentación no sustituye al tratamiento médico.

El objetivo del tratamiento nutricional será diferente según la enfermedad, los síntomas, el tratamiento farmacológico, el estado nutricional y las necesidades de cada persona.

¿Qué son las enfermedades autoinmunes?

En condiciones normales, el sistema inmunitario dispone de mecanismos que le permiten reconocer y responder frente a posibles amenazas.

En las enfermedades autoinmunes se produce una pérdida de tolerancia inmunológica frente a determinados componentes propios, dando lugar a una respuesta inmunitaria anómala que puede afectar a diferentes tejidos y órganos.

Por eso hablamos de un grupo muy heterogéneo de enfermedades.

Entre ellas encontramos:

  • Artritis reumatoide.
  • Lupus eritematoso sistémico.
  • Esclerosis múltiple.
  • Tiroiditis de Hashimoto.
  • Enfermedad celíaca.
  • Enfermedad de Crohn.
  • Colitis ulcerosa.
  • Síndrome de Sjögren.

Cada una presenta mecanismos, síntomas, evolución y necesidades nutricionales diferentes. Precisamente por eso no tendría sentido utilizar el mismo protocolo dietético para todas ellas.

Alimentación y enfermedades autoinmunes: ¿qué sabemos?

La relación entre alimentación, inmunidad, microbiota e inflamación es compleja y continúa siendo objeto de investigación.

La dieta puede influir en diferentes procesos relacionados con la salud metabólica e inmunitaria y, en determinadas patologías, la intervención nutricional puede contribuir al manejo de síntomas, corregir déficits nutricionales o mejorar el estado nutricional y la calidad global de la alimentación.

Sin embargo, esto no significa que podamos clasificar alimentos aislados como responsables de “activar” o “desactivar” una enfermedad autoinmune.

La evidencia tampoco permite afirmar que exista una dieta capaz de curar estas enfermedades.

El abordaje nutricional debe entenderse como una herramienta complementaria dentro de un tratamiento integral, junto con el seguimiento médico y el tratamiento farmacológico cuando sea necesario.

¿Existe realmente una dieta antiinflamatoria?

Es habitual encontrar listas de “alimentos inflamatorios” y “alimentos antiinflamatorios”, pero la realidad es bastante más compleja.

Tiene más sentido hablar de patrones alimentarios que de alimentos individuales.

Uno de los patrones más estudiados es la dieta mediterránea, caracterizada generalmente por una presencia importante de verduras, frutas, legumbres, frutos secos, cereales integrales y aceite de oliva, junto con pescado y otras fuentes de proteína.

Este patrón aporta fibra, grasas insaturadas, vitaminas, minerales y numerosos compuestos bioactivos.

La investigación ha encontrado posibles beneficios de una mayor adherencia al patrón mediterráneo sobre determinados parámetros de salud y calidad de vida en algunas enfermedades autoinmunes. Sin embargo, los resultados no son iguales para todas las patologías y todavía existen limitaciones en la evidencia disponible.

Por tanto, seguir una alimentación de estilo mediterráneo puede ser una buena base, pero no constituye por sí misma un tratamiento específico de una enfermedad autoinmune.

¿Qué alimentos conviene incluir?

En lugar de plantear una alimentación basada en prohibiciones, en muchos casos empezaremos por mejorar la calidad global de la dieta.

Según la situación individual, puede ser interesante favorecer la presencia habitual de:

  • Verduras y hortalizas variadas.
  • Frutas.
  • Legumbres.
  • Frutos secos y semillas.
  • Aceite de oliva virgen extra.
  • Pescado, incluyendo pescado azul.
  • Cereales integrales cuando sean bien tolerados.
  • Fuentes adecuadas de proteínas.
  • Alimentos que permitan alcanzar las necesidades individuales de vitaminas, minerales, fibra y energía.

Esto no significa que todos estos alimentos tengan que estar presentes necesariamente en todas las personas.

Una enfermedad digestiva activa, una cirugía previa, determinados síntomas gastrointestinales, intolerancias, enfermedad celíaca u otras circunstancias clínicas pueden obligarnos a modificar temporal o permanentemente algunas recomendaciones.

¿Hay que eliminar gluten, lácteos o determinados alimentos?

Esta es una de las dudas que encuentro con mayor frecuencia.

Tener una enfermedad autoinmune no implica automáticamente tener que eliminar el gluten, los lácteos, las legumbres, las solanáceas u otros grupos de alimentos.

Existen situaciones en las que una exclusión sí está claramente indicada. El ejemplo más evidente es la enfermedad celíaca, donde el tratamiento requiere una dieta estricta sin gluten.

En otros casos puede ser necesario realizar adaptaciones concretas en función de síntomas, diagnóstico o tolerancia individual.

Pero retirar múltiples grupos de alimentos sin una indicación clara puede hacer que la alimentación sea innecesariamente restrictiva y aumentar el riesgo de déficits nutricionales.

Antes de eliminar alimentos conviene preguntarse qué objetivo buscamos, qué evidencia existe para esa situación concreta y cómo vamos a garantizar que la dieta siga siendo nutricionalmente adecuada.

El abordaje nutricional depende de la enfermedad

Hablar simplemente de “enfermedades autoinmunes” puede hacernos perder una parte fundamental del problema: no todas requieren el mismo abordaje.

Artritis reumatoide

En artritis reumatoide se ha estudiado especialmente la relación entre determinados patrones alimentarios, ácidos grasos omega-3 y diferentes parámetros relacionados con actividad de la enfermedad y sintomatología.

Una alimentación adecuada puede formar parte del abordaje global, pero debe complementar y no sustituir el tratamiento establecido por Reumatología.

Hashimoto

En la tiroiditis de Hashimoto debemos valorar el estado nutricional, posibles déficits, función tiroidea, tratamiento farmacológico y existencia de otras patologías asociadas.

No existe una lista universal de alimentos prohibidos para todas las personas con Hashimoto.

Enfermedad inflamatoria intestinal

En enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa la intervención nutricional puede adquirir especial importancia.

Las necesidades pueden cambiar considerablemente entre una fase estable y un brote. También debemos valorar posibles déficits de hierro, vitamina B12, vitamina D u otros nutrientes, pérdida de peso, tolerancia digestiva y tratamientos recibidos.

Por eso las restricciones generalizadas tienen todavía menos sentido: la pauta debe adaptarse al momento clínico de cada paciente.

Lupus y otras enfermedades autoinmunes

En otras patologías debemos valorar igualmente la enfermedad concreta, sintomatología, composición corporal, estado nutricional, medicación y posibles factores de riesgo asociados.

No trabajamos únicamente sobre el diagnóstico. Trabajamos sobre la persona que lo presenta.

Microbiota y enfermedades autoinmunes

La relación entre microbiota intestinal y sistema inmunitario constituye una de las áreas de investigación más interesantes de los últimos años.

Sabemos que existe una comunicación estrecha entre intestino, microbiota y sistema inmunitario, y se han observado alteraciones de la composición microbiana en diferentes enfermedades.

Sin embargo, todavía queda mucho por conocer.

Hablar de microbiota no significa que todas las personas con una enfermedad autoinmune necesiten probióticos ni que exista un protocolo universal para “reparar el intestino”.

Una alimentación variada y suficiente en fibra cuando existe buena tolerancia puede contribuir al mantenimiento de una microbiota diversa, pero cualquier intervención específica debe valorarse individualmente.

¿Qué trabajo en consulta con una enfermedad autoinmune?

Mi abordaje nutricional no parte de una lista estándar de alimentos permitidos y prohibidos.

Antes de establecer una pauta valoro aspectos como:

  • Diagnóstico y evolución de la enfermedad.
  • Tratamiento farmacológico.
  • Analíticas disponibles.
  • Síntomas actuales.
  • Estado nutricional y composición corporal cuando sea relevante.
  • Posibles déficits nutricionales.
  • Síntomas digestivos y tolerancia alimentaria.
  • Alimentación habitual.
  • Horarios, preferencias y estilo de vida.
  • Otras patologías o situaciones clínicas concurrentes.

A partir de esta información podemos establecer objetivos realistas y decidir qué modificaciones tienen realmente sentido.

En algunas personas será necesario trabajar principalmente la calidad de la alimentación. En otras tendremos que corregir déficits, adaptar texturas o tolerancias, controlar sintomatología digestiva, mejorar la ingesta proteica o energética o valorar determinadas estrategias nutricionales específicas.

La pauta debe adaptarse a la enfermedad, pero también a la persona.

¿Necesito suplementos?

No necesariamente.

Vitamina D, hierro, vitamina B12, calcio, omega-3 u otros nutrientes pueden requerir especial atención en determinadas situaciones, pero esto no significa que todas las personas con una enfermedad autoinmune deban suplementarlos.

La suplementación debería responder a una necesidad concreta, teniendo en cuenta la alimentación, analíticas, diagnóstico, tratamiento y situación clínica.

Tomar numerosos suplementos simplemente porque se comercializan como “antiinflamatorios” o destinados al “sistema inmunitario” no garantiza mejores resultados.

Entonces, ¿puede ayudarme la alimentación?

Sí, la nutrición puede ser una parte importante del cuidado de una persona con una enfermedad autoinmune, pero debemos alejarnos de dos extremos.

Ni la alimentación es irrelevante ni existe una dieta milagrosa capaz de controlar por sí sola una enfermedad autoinmune.

Un buen abordaje nutricional busca cubrir necesidades, prevenir o corregir déficits, mantener un adecuado estado nutricional, adaptar la alimentación a los síntomas y favorecer un patrón alimentario saludable que pueda mantenerse en el tiempo.

Y todo ello debe realizarse en coordinación con el tratamiento médico correspondiente.

Nutrición especializada en enfermedades autoinmunes

Si tienes una enfermedad autoinmune y quieres saber qué cambios en tu alimentación pueden tener sentido en tu caso, podemos realizar una valoración nutricional individualizada.

El objetivo no es entregarte una lista interminable de alimentos prohibidos, sino estudiar tu situación, alimentación, síntomas, analíticas y tratamiento para establecer una pauta nutricional adaptada.

Consulta nutricional presencial en Alcoy y consulta online.

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