Hay mujeres que llevan tanto tiempo controlando su alimentación que ya no se plantean si están comiendo suficiente.
Desayunan poco, evitan determinados alimentos, reducen las cantidades y procuran no salirse de lo que consideran una alimentación saludable. A veces lo hacen para perder peso, otras para mejorar algún síntoma digestivo o porque han terminado convencidas de que cuantos menos alimentos consuman, mejor se encontrarán.
El problema aparece cuando estas restricciones se mantienen durante meses y la alimentación deja de cubrir las necesidades del organismo.
En las mujeres, una ingesta energética insuficiente puede tener consecuencias sobre el ciclo menstrual, la función reproductiva, la salud ósea y diferentes mecanismos de regulación hormonal. Algunas alteraciones aparecen antes de que exista una pérdida de peso llamativa.
El ciclo menstrual puede ser una de las primeras señales
El funcionamiento del ciclo menstrual depende de una comunicación constante entre el hipotálamo, la hipófisis y los ovarios.
Cuando existe una disponibilidad energética insuficiente de forma mantenida, el organismo puede modificar la secreción de las hormonas que intervienen en esta comunicación. En determinadas circunstancias disminuye la actividad pulsátil de la hormona liberadora de gonadotropinas (GnRH), lo que puede alterar la secreción de LH y FSH y, en consecuencia, la ovulación.
Esto puede manifestarse con ciclos irregulares, ausencia de menstruación o alteraciones ovulatorias que no siempre resultan evidentes.
Una de las situaciones clínicas relacionadas con este proceso es la amenorrea hipotalámica funcional. Puede aparecer en mujeres que realizan mucho ejercicio, mantienen dietas restrictivas, presentan estrés psicológico importante o combinan varios de estos factores.
También puede producirse en mujeres cuyo peso se encuentra dentro de los valores considerados normales.
Es importante recordar que la desaparición de la menstruación requiere valoración médica. El embarazo, los trastornos tiroideos, la hiperprolactinemia y otras causas ginecológicas o endocrinas deben descartarse antes de atribuirla a la alimentación.
Qué sucede con los estrógenos
Cuando se altera la actividad del eje reproductivo, también puede disminuir la producción ovárica de estradiol.
Los estrógenos participan en numerosas funciones fisiológicas. Su importancia va más allá de la fertilidad: intervienen en el mantenimiento del tejido óseo y en la regulación de distintos procesos metabólicos.
Una situación prolongada de hipoestrogenismo puede comprometer la salud ósea, especialmente cuando coincide con una ingesta insuficiente de energía, proteínas, calcio o vitamina D.
Este aspecto merece especial atención en mujeres jóvenes, que todavía están consolidando su masa ósea, y en aquellas que realizan actividad física intensa.
La ausencia de menstruación durante varios meses no debería normalizarse como una consecuencia inevitable del entrenamiento o de estar siguiendo una dieta.
La alimentación insuficiente también puede afectar a las hormonas tiroideas
Cuando la ingesta energética disminuye considerablemente, el organismo pone en marcha adaptaciones para reducir su gasto energético.
Entre ellas pueden producirse cambios en el metabolismo de las hormonas tiroideas, especialmente una disminución de la triyodotironina (T3). Esta respuesta se ha observado en situaciones de restricción energética y baja disponibilidad de energía.
Algunas mujeres refieren más cansancio, sensación de frío o dificultades para mantener su rendimiento habitual.
Estos síntomas son inespecíficos y pueden tener muchas causas. Una T3 reducida en este contexto tampoco equivale automáticamente a padecer hipotiroidismo primario.
Por eso es importante valorar la alimentación junto con la historia clínica y las pruebas analíticas, evitando interpretar un resultado hormonal de manera aislada.
El estrés fisiológico y el cortisol
El cortisol suele aparecer en cualquier conversación sobre alimentación y hormonas, aunque muchas veces se le atribuyen efectos que no están suficientemente demostrados.
Una restricción energética importante puede actuar como un factor de estrés fisiológico y asociarse con modificaciones en la actividad del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal.
Sin embargo, no todas las mujeres que siguen una dieta restrictiva presentan el cortisol elevado, ni es posible deducir sus concentraciones a partir del cansancio, la hinchazón abdominal o la dificultad para perder peso.
Lo que sí sabemos es que una alimentación insuficiente, especialmente cuando se combina con entrenamiento intenso, poco descanso o estrés psicológico, puede dificultar la recuperación y afectar al bienestar general.
Fertilidad: cuando la ovulación empieza a alterarse
En mujeres que buscan embarazo, una restricción energética mantenida merece especial atención.
La alteración de la actividad hormonal que regula el ciclo menstrual puede provocar problemas de ovulación. Y aunque algunas mujeres continúen menstruando, esto no garantiza que todos los ciclos sean ovulatorios.
La alimentación también debe proporcionar suficientes proteínas, grasas, hidratos de carbono y micronutrientes para cubrir las necesidades del organismo.
Las grasas alimentarias, por ejemplo, son necesarias para diferentes funciones fisiológicas, pero no existe una cantidad concreta de aguacate, frutos secos o aceite de oliva que permita corregir por sí sola una alteración hormonal causada por una ingesta insuficiente.
Cuando la disponibilidad energética está comprometida, el abordaje debe centrarse en recuperar una alimentación suficiente y estudiar las posibles causas de las alteraciones menstruales.
¿Y si la mujer tiene síndrome de ovario poliquístico?
El síndrome de ovario poliquístico (SOP) requiere una valoración diferente.
Muchas mujeres con SOP reciben recomendaciones dirigidas a perder peso, reducir hidratos de carbono o controlar de forma muy estricta su alimentación. Algunas terminan siguiendo dietas difíciles de mantener, con miedo a consumir determinados alimentos.
La intervención nutricional debe adaptarse a la situación metabólica, los síntomas, las preferencias y los objetivos de cada paciente.
No todas las mujeres con SOP necesitan perder peso. Tampoco es necesario eliminar los hidratos de carbono para mejorar la resistencia a la insulina.
Las guías internacionales de SOP recomiendan intervenciones de estilo de vida individualizadas y señalan que no existe una composición dietética única que haya demostrado superioridad para todas las mujeres con este diagnóstico.
Además, la presencia de irregularidades menstruales en una mujer con SOP no debe impedir valorar otras causas cuando la evolución clínica lo justifique, incluida una disponibilidad energética insuficiente.
Comer alimentos saludables no garantiza estar bien nutrida
Una alimentación puede incluir verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y proteínas de buena calidad y, aun así, aportar menos energía de la necesaria.
Lo encuentro especialmente relevante cuando se combinan varias restricciones: cantidades pequeñas, ausencia de grasas, pocos hidratos de carbono, eliminación de grupos de alimentos y actividad física frecuente.
En estas circunstancias también pueden aparecer déficits nutricionales, dependiendo de los alimentos excluidos y de la cantidad total consumida.
El hierro, el calcio, la vitamina D, la vitamina B12 y otros nutrientes pueden requerir una atención especial según el patrón alimentario y la situación clínica.
Tampoco debemos olvidar que la alimentación tiene una dimensión psicológica. Estar constantemente calculando cantidades, sentir culpa después de comer o evitar situaciones sociales por miedo a salirse de una pauta son señales que merecen atención, aunque las analíticas sean normales.
¿Cómo saber si una alimentación está siendo demasiado restrictiva?
No siempre resulta evidente. Algunas mujeres se han acostumbrado a comer cantidades pequeñas y apenas identifican las señales de hambre. Otras sienten que están siguiendo una dieta adecuada porque su peso se mantiene estable.
En consulta conviene explorar la evolución del ciclo menstrual, los cambios de peso, la actividad física, el descanso, el cansancio, la recuperación después del ejercicio y la variedad de alimentos que se consumen.
También interesa conocer cuánto tiempo lleva la persona siguiendo esa alimentación y qué ocurre cuando intenta comer algo diferente.
Si existen alteraciones menstruales, pérdida de peso involuntaria, fatiga persistente o sospecha de déficits nutricionales, es necesario realizar una valoración clínica y decidir qué pruebas complementarias están indicadas.
Recuperar una alimentación suficiente
Cuando se confirma que existe una ingesta insuficiente, el tratamiento nutricional debe adaptarse a la causa y a la situación de cada mujer.
En algunos casos será necesario aumentar progresivamente el aporte energético. En otros habrá que revisar la carga de ejercicio, recuperar alimentos que se habían eliminado sin indicación o trabajar el miedo que generan determinadas comidas.
Si existe amenorrea hipotalámica funcional, la recuperación de una disponibilidad energética adecuada constituye una parte fundamental del tratamiento y puede requerir cambios en la actividad física y apoyo psicológico.
La recuperación hormonal no siempre es inmediata y necesita seguimiento.
En mi consulta trabajo con mujeres que presentan alteraciones hormonales, problemas digestivos, dificultades con la alimentación o situaciones clínicas que requieren adaptar su pauta nutricional. Antes de recomendar restricciones, valoro qué está comiendo realmente cada persona, cómo se encuentra y qué necesidades debemos cubrir.
Porque una alimentación que se mantiene durante meses también tiene que permitir que el organismo funcione adecuadamente.
Saray López Nutrición
Dietista-Nutricionista | Consulta presencial en Alcoy y online


